Que razón tenía el Barro. Colán resultó ser justo lo que necesitábamos. Una playa increible, con el mar color esmeralda, y con una energía en la gente que lo hacía aun más especial.
Caímos desganados al hostal Aloha Inn, y ahí estaba Micki, su dueño, para levantarnos los ánimos en cuestión de segundos. Allí pasamos unos lindos días, pudiendo emitir un par de programas radiales, y con el Barri haciendo cebiche y pescado frito noche y día. Mientras nos divertíamos jugando ping pong o barrenando olas en el mar, a la chatita de Tassara se le seguía metiendo mano para descifrar que problemas tenía, y se le seguían comprando repuestos.
Hubieron soldados que tuvimos que regresar a Lima antes de tiempo, por lo que el grupo quedó diesmado, pero la actitud fue tan positiva que se seguía para adelante. En Colán hubieron un par de tocadas (foto adjunta) que ayudaron mucho a la economía de la banda.
Y se partió rumbo a Máncora, aunque llegando a Piura se partió la camioneta. A partir de allí muchas idas y venidas para ver cómo hacer para solucionar el problema y poder regresar a Lima sanos y salvos. Repuestos y más respuestos, arreglos, mecánicos y una chata el día que le dieron el alta, para sacarla del taller, los chicos tuvieron que empujarla.